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Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información: Dos precauciones a tomar
Antonio Pasquali

La presencia de la llamada "sociedad civil" en las dos Cumbres sobre Sociedad de la Información - cuya utilidad está fuera de discusión - deberá sin embargo acojerse a ciertos principios de precaución, ubicables en algún lugar intermedio entre el "piensa mal y acertarás" y la irreflexiva aceptación de agendas, programas y selección de participantes.

La aplicación de tal principio puede asumir la forma de una hipótesis Caballo de Troya. Ese caballo ahora llamado de la "sociedad de la información" luce lindo, y quienes lo envían gente de alcurnia; pero ¿pudiera traer algo oculto en su vientre? Formo parte de quienes piensan que sí, y esa sospecha metódica sugiere echar una penetrante mirada indagativa sobre 1°, la pertinenencia, competencia e intenciones de invitantes e invitados, y 2° sobre los vicios ocultos - especialmente por omisión - de lo temas que entrarán en agenda.

Sobre invitantes e invitados:

A) ningún análisis serio ha sido emprendido hasta ahora (sigue siendo un secreto a voces) acerca de la progresiva marginalización, durante el último cuarto de siglo, del Sistema de las Naciones Unidas por parte de ciertas grandes potencias, desde el intento de la ultraconservadora Heritage Foundation para que los Estados Unidos diesen el ejemplo de un retiro masivo de la entera familia de las Naciones Unidas, hasta la muy precaria situación actual de estrangulamiento económico, control del Consejo de Seguridad, imposición de Secretario General y progresivo vaciamiento de potestades y atribuciones (principalmente de la Asamblea General, del PNUD, de la UNCTAD, de la UNESCO y de la UIT) hoy traspasadas a más dóciles instituciones. Los chances de supervivencia del Sistema mismo parecieran depender cada día más de sus manifestaciones de voluntad - certificadas por el Departamento de Estado - de no decir ni hacer nada que pueda contrariar o deslegitimar intereses estratégicos norteamericanos. Los pesimistas aseguran que la ONU se quedó, como dirían los franceses, para inaugurer les crisanthèmes, esto es, para funciones cada vez menos sustantivas y más prescindibles, y es asombroso constatar que la gente de Seattle, Génova y Porto Alegre aún no haya descubierto que la re-democratización del mundo pasa también por una devolution de los poderes sustraídos a la familia de las Naciones Unidas.

En el cuarto de siglo último, las grandes potencias decidieron que el hermoso principio de la nueva diplomacia multilateral salido de la II Guerra Mundial: un país, un voto, era contrario a sus intereses estratégicos. Comenzó entonces el montaje paralelo de un segundo gran paradigma de cohabitación universal, una nueva lógica de gobierno del mundo hoy casi totalmente institucionalizada en el mega-club patronal FMI/BM/OCDE/OMC/G8 donde - pongamos el ejemplo del FMI - el voto de los Estados Unidos vale hasta 1.322 veces más que el de los más pequeños estados. El viejo paradigma de convivencia universal de la ONU, de una familia humana consensual, multilateral, humanista, pacifista, ecologista e imbuida de ética complementaria, y el nuevo paradigma banquero-mercantil de una plutocracia ponderante, contractual, armamentista, antiecologista e imbuída de ética competitiva, fueron puestos en ruta de colisión, y ya sabemos quién salió ganador y quien maltrecho. Paños cada día más grandes de poder decisional están siendo transferidos abusivamente del sistema ONU al nuevo megaclub (esto es, de lo multilateral a la plutocracia), donde los amos del mundo deciden con sus votos ponderados y mentalidad hegemónico/mercantil del destino de la humanidad. En primer lugar a la OMC, a cuyo arbitrio han quedado ahora sometidas materias que correspondían a Organizaciones, Uniones y Programas de las Naciones Unidas. como sería el caso de la Propiedad Intelectual, la moratoria sobre la Caza a las Ballenas, el ingente problema del Asbesto y numerosos otros de carácter ecológico o sanitario (como los OMG), sin contar la Banca Mundial que sigue financiando represas e incineradores hospitalarios productores de dioxina, y a la que la ONU encargó en 2.001, en lugar que al meritorio PNUD, nada menos que la presidencia de la Conferencia Mundial del Agua de La Haya, un bien de la humanidad a la que se le negó ese atributo para facilitar su próxima conversión en negocio de 3.000 millardos de dólares anuales. Esta compulsiva reducción de las complejidades humanas a su mera dimensión económica ha comenzado a engendrar verdaderos monstruos, como la oferta a los países menos avanzados de condonarles deudas a cambio de dejarse intervenir sus riquezas naturales, o la creación de una Bolsa del "hot air" o de la capacidad contaminante, abierta y funcionante en Londres, donde los países se compran y venden cuotas-partes nacionales de capacidad de contaminación atmosférica. Mientras tanto, el PNUD ha sido vaciado de sustancia, INMARSAT vendida, los Consejos Ejecutivos de importantes órganos del sistema semi-privatizados (caso de UNCTAD y UIT), la UNESCO conservada bajo ostracismo, y el pago a la casa madre de Nueva York mantenido desde hace quince años al límite de la asfixia mecánica.

A esta ONU de ahora venida a menos compulsivamente no se le deja simplemente menguar, se le exige obediente activismo en la privatización del sistema mundo. Los Informes del Desarrollo ONU/PNUD de 1.999 y 2.000 son explícitos al respecto, aún tras sus aparentemente bondadosas intenciones: "Las estructuras y procesos de formulación de normas a escala mundial ya no son representativos,... las multinacionales son demasiado importantes como para que su conducta quede confiada a normas voluntarias generadas por ellas mismas;... se requiere un sistema de la Organizacxión de las Naciones Unidas más amplio, incluída una Asamblea General bicameral para dar cabida a la representación de la sociedad civil...; si se incorporasen las multinacionales en las instituciones de la estructura del gobierno mundial, su posición resultaría más transparente y su responsabilidad social estaría sujeta a una mayor responsabilidad pública...", todo lo cual condujo su actual Secretario General a organizar en septiembre 2.000 una Conferencia Internacional para la Reforma de la ONU, que el Wall Street Journal del 11.09.2000 calificó de "mero triunfo del marketing". En materia comunicacional, la música es obviamente la misma. El Informe del Desarrollo Humano de 1.999 traía en su carátula el impactante y caritativo gráfico de la distribución de Internet en el mundo (91% para los países OCDE), pero sólo para entonar himnos a las privatizaciones, afirmar que Internet sacaría a los pobres de su pobreza y enseñarnos en tono triunfal que "las nuevas tecnologías impulsan la mundialización". Eran los tiempos en que la administración americana, Clinton a la cabeza (el 25% de los ingresos estadounidenses ya provenían de las industrias de info-comunicación), intentó hacerle creer al mundo que la salvación de los pobres ya no era cuestión de agua limpia, proteinas y un poco de salud, sino de e-business y enlaces a la red. Aunque la "sociedad de la información" era tildada ahí de network age, el Informe del Desarrollo Humano de 2.001 ya adelantaba algunas ideas matrices de la Cumbre de 2.003 que recuerdan, mutatis mutandis, las de los años del "desarrollismo" salvaje: la tecnología erradicará la pobreza, pues se cruza ahora con otra transformación, la globalización, creando el nuevo paradigma de la network age que unificará y hará feliz el mundo. En diciembre pasado, los no enterados se sorprendieron al constatar que Naciones Unidas disponían de una División propia de Comunicación e Informática (materias de la competencia de otras organizaciones del Sistema) destinada a "ayudar a cerrar la brecha mundial de tecnología e información...para personas sin acceso a la revolución digital", en cuyo seno actúan como "miembros activos del equipo de trabajo" (una nomenclatura inédita en el lenguaje onusiano) el magnate venezolano de medios Gustavo Cisneros, Fiorina Carleston presidenta de Hewlett- Packard y James Wolfensohn, presidente del Banco Mundial. Pasado a mejor vida el sagrado principio de una inflexible distribución geográfica de los cargos, es ahora la Plutocracia internacional la llamada a decidir lo que debe hacerse y no hacerse para los pobres en comunicxaciones

Hacer acto de presencia en la Cumbre requerirá pues una previa actualización de los viejos estereotipos mentales relacionados con Naciones Unidas. La ONU que invita en 2.002 a Ginebra y Túnez ya no es en efecto ni de 1.960 ni la de 1.980. En esta específica ocasión, en que se tratará un tema muy sensible de la humana convivencia, la invitación al sector privado y a la sociedad civil puede considerarse un ensayo mayor dentro del proyecto Secretarial, enunciado en 1.999, que busca semi-privatizar la cúpula de la Organización. Leída con cuidado, la invitación oficial de la UIT (a la "familia" de las Naciones Unidas, al sector privado, la sociedad civil y las organizaciones no-gubernamentales) es una pequeña obra maestra de confusiones e hipocresías sabiamente entremezcladas. La sorpresiva recuperación del término "familia", caído en desuso, quisiera crear un halo de legitimación emocional alrededor de una invitación al sector privado probablemente ilícita en el seno del máximo organismo Inter-Gubernamental del mundo. La invitación "al sector privado y a la sociedad civil" puestos en pie de igualdad y recibiendo una misma liberal invitación, es a su vez un sofisma. La sociedad civil, a través de sus Organizaciones No-Gubernamentales de diferente jerarquía, disfruta desde siempre de acceso no deliberante a los órganos de gobierno del Sistema (Asamblea y Conferencias Generales), y su presencia en Ginebra estaba de todos modos garantizada ex officio. La única real novedad es pues la presencia de un "sector privado" y de unos "líderes de la industria" habilmente disfrazada bajo un manto de magnanimidad igualitaria, del género patronos-empleados invitados al mismo banquete empresarial. Esto, sin calcular la extremada facilidad para una multinacional de asistir a la Cumbre con fuertes equipos técnicos, y la extremada dificultad para muchas paupérrimas ONG del tercer mundo de enviar siquiera un representante. Algunas de ellas se verán incluso impedidas de asistir por razones políticas (gobiernos y empresas de comunicaciones hostiles); esto, sin contar el riesgo de ser utilizadas de comparsas para una mise en scène de democracia. La mayor claridad y lucidez mental acerca de los propósitos finales de la ONU será pues necesaria.

B), el hecho de que el Secretariado General haya escogido la Unión Internacional de Telecomunicaciones, la UIT, como principal responsable de organizar las dos Cumbres Mundiales sobre la Sociedad de la Información, con mandato de "desempeñar un papel clave", también se presta a variopintas reflexiones. La UIT, venerable institución de origen telegráfico creada en 1.865 y por eso matriz de la Sociedad de las Naciones y de la Organización de las Naciones Unidas que vendrían, se autodefine en sus documentos impresos y electrónicos como un organismo especializado en las tecnologías de información y comunicación y siempre ha sido, en los hechos, una institución bastante atípica dentro del Sistema, siéndolo hoy más que nunca. Jean D'Arcy ya lo había indicado claramente a comienzo de los años '80, en uno de los informes preliminares de la Comisión McBride: "Como es sabido, la UIT, a diferencia de otros organismos internacionales del sistema de las Naciones Unidas, no tiene estatutos. Esta situación se deriva probablemente de su antigüedad misma, pero también del hecho que no se ha establecido ningún principio de derecho internacional relativo a las comunicaciones... lo que ya no es aceptable en nuestra época de interdependencias. Debería ser posible... establecer algunos principios que constituyan la base para elaborar una Carta y permitan un funcionamiento armonioso y justo de la Unión a favor de todos y no sólo de algunos [se refiere aquí a la ley no escrita del "primer llegado, primer servido"]...La decisión esencial sería proclamar propiedad de toda la humanidad el espectro de frecuencias radioeléctricas y las órbitas de satélites geoestacionarios, que son dos riquezas naturales limitadas....empezaría así a surgir un derecho internacional de las comunicaciones". Pese a la Guerra Fría, aquellos fueron años más esperanzados; hoy hasta al agua le niega el Banco Mundial el calificativo de "bien común de la humanidad".

Sea como fuere, la siguiente pregunta que muchos se formulan es perfectamente lícita: ¿por qué Naciones Unidas asigna a un organismo rigurosamente técnico y de infraestructuras, la UIT, el rol de jefe de escuadra en una Cumbre que manejará una de las más candentes hot potatoes de la presente era por sus componente socio-políticas y culturales. ¿Deseo de no reeditar las diatribas de los años '70 y 80, cuando UNESCO fue el epicentro de las discusiones, o de enterrar el concepto mismo de Políticas de Comunicación bajo la loza de la tecno-economía de la Información? Es de apostar que UIT no logrará demostrar al mundo que "políticas de comunicación" eran fruslerías ideológicas e "información" un discurso de gente seria, ni podrá evitar que la nueva semántica apologética borre el problema de la creciente dependencia informativa, esto es, un enfoque político.Esa escogencia de la UIT recuerda extrañamente otras análogas y muy habituales en Latinoamérica, donde dependencias meramente técnicas (Transportes o Telecom) siguen constituyendo la máxima autoridad en una materia exquisitamente socio-político-cultural como es la comunicación social radioeléctrica. Esta atribución de autoridad a órganos técnicos intrínsecamente incompetentes en materias socio-culturales no es obviamente inocente; es una manera de institucionalizar la sordera ante el reclamo social, de dar inadecuadas respuestas infraestructurales a problemas superestructurales, de mantener la decisión dentro de la esfera de poder. No llegaré a afirmar que la escogencia de la UIT por parte del Secretario General equivale a una especie de latinoamericanización del Sistema de Naciones Unidas, pero sugiero abiertamente que, al encargar a la UIT la desactivación de esa mina socio-politica llamada Información, la nueva ONU probablemente busca obtener en Ginebra dividendos análogos, y los repito: institucionalizar la sordera al reclamo socio-cultural, responder incongruentemente con soluciones hardware a delicados problemas de software, mantener las decisiones en manos de los poderes establecidos.

Un último pequeño detalle: la nueva UIT es hoy por hoy la organización del sistema de Naciones Unidas más exitosamente semi- privatizada. Siemens, Motorola, Bell, Nec, Alcatel, Ericsson y AT&T forman parte de su principal y cuasi deliberante órgano consultivo desde 1.992. Es un detalle a ponderar, inter alia porque una misma multinacional pudiera, al límite, estar representada en la cúpula de la Unión, ver defendidos sus intereses por la delegación gubernamental de su país-sede, asistir de cuerpo presente a la Cumbre por invitación recibida y deslizar entre la "sociedad civil" alguna Fundación u ONG de estricta obediencia (no siempre tales instituciones se ocupan de temas ajenos a los de la casa-madre). Jean Louis Fullsack, un ex experto de UIT hoy igualmente convencido de que a Ginebra hay que ir cueste lo que cueste, escribe en estos días en el Boletín electrónico de ATTAC: "Desde el advenimiento del neoliberalismo hace una decena de años, y la desregulación del sector de las telecomunicaciones que ha convertido en su propio dogma, la UIT no impulsa más que una solución: desregular y privatizar las autoridades y los operadores nacionales hasta en los Países Menos Avanzados PMA..." . Una nota de prensa oficial de la UIT fechada en Istambul el 15.03.2002 afirma orgullosamente que the new telecommunication world is one that can be characterized as private, competitive, mobile and global, una afirmación totalmente ideológica e inimaginable hace años. Definitivamente, la nueva UIT que organiza en 2.003 y 2.005 las Conferencias de Ginebra y Túnez tampoco es la UIT de 1.960 y mucho menos la de enero 1.985, fecha en que publicó su esperanzador Informe Maitland El Eslabón faltante.

Antes de clicar el execute de adhesión al programa Sociedades de la Información, cada quien deberá pues tomar la precaución de bajar al disco duro una versión actualizada de los viejos clisés mentales relativos al Sistema de las Naciones Unidas y a sus grandes Organismos.

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En relación con propósitos y temas esenciales de la Cumbre, lo mejor que las ONG podrán hacer es adherirse plenamente a la posición adoptada en noviembre 2.001 por instituciones y personalidades que conformaron la llamada Plataforma para los derechos de Comunicación, lo que conduce a apoyar con el mismo entusiasmo los objetivos de la campaña CRIS, Communication Rights in the Information Society. Lo que sigue es apenas un aporte para reforzar ulteriormente esa misma posición.

Uno de los documentos principales de CRIS titulado Derechos de Comunicación en la Sociedad de la Información enuncia un principio capital que las ONG debieran declarar no negociable en las PrepCom y en la Cumbre, pidiendo se modifiquen en consecuencia objetivos declarados y principales documentos de trabajo. Nos referimos a la declaración siguiente:: "El derecho a la comunicación es un derecho humano universal que sustenta y está al servicio de todos los demás derechos humanos". El esfuerzo debiera en efecto centrarse en la substitución del concepto Información por el concepto Comunicación, o cuando menos en obtener una cohabitación aceptablemente jerarquizada de las dos nociones. Aunque en la realidad antropológica las dos funciones nunca se den al estado puro, Informar connota por lo esencial mensajes unidireccionales causativos y ordenadores con tendencia a modificar el comportamiento de un perceptor pasivo; Comunicar, la interrelación de mensajes relacionales, dialogales y socializantes entre interlocutores igualmente habilitados para una libre y simultánea recepción/emisión. Si la Información tiende a disociar y jerarquizar los polos de la relación, la Comunicación tiende a asociarlos; sólo Comunicación puede dar nacimiento a estructuras sociales. Información puede considerarse a lo sumo una especie del género Comunicación. En el documento Información de base que la UIT ha lanzado en la red, el término información figura dieciocho veces, el de comunicación una sola. Cabe pues exigir que ciertos grandes y no negociables principios de una sociedad de la comunicación, a definir oportunamente, constituyan la base conceptual a partir de la cual pueda negociarse algo sensato y aceptable en relación con la mal llamada "sociedad de la información" (por la contradictio in adjecto que la fórmula contiene, pues Información, como dijimos, no puede generar Sociedad).

Consideraciones análogas fueron las que motivaron a Jean D'Arcy a fundar en 1.969 y casi sin proponérselo, los estudios del derecho a la comunicación, en un famoso ensayo que comenzaba con las siguientes palabras: "La Declaración de los Derechos del Hombre que... establece por primera vez en su Artículo 19 el derecho del hombre a la información, habrá de reconocer un día la existencia de un derecho más amplio: el derecho del hombre a la comunicación". Todo intento por borrar del mapa la noción de Comunicación para reemplazarla por una especie inferior, la Información (por esencia generadora de un arriba y un abajo), no hará más que comprimir a niveles explosivos el afán universal de una mayor justicia distributiva y de más democracia en este campo. La Cumbre no tiene por qué ser, desde luego, una conferencia filosófica; pero la mayoría de sus protagonistas, démoslo por seguro, llegará a ella bien apertrechado en argumentos pro "sociedad de la información".

Entre las metas capitales que se propone la UIT figura la confección de "un plan estratégico de acción para adaptarse debidamente a la nueva sociedad" (¡toda una legitimación del sometimiento!), lo que recuerda viejas querellas de los '80 ante las que cabe señalar dos novedades: 1°, en los últimos decenios la concentración de poder informativo (que es, en fin de cuentas, el control de la llamada "sociedad de la información") ha llegado al paroxismo: cuatro gigantes noticiosos, siete del entertainment, tres discográficas, un pequeño manojo de colosos de la electrónica y un solo país propietario de facto de Internet, controlan hoy todo lo que cuenta en producción, emisión y espionaje de mensajes (cabe preguntarse qué sucedería si alguien denunciase tan aberrante situación ante la Autoridad Antitrust Norteamericana o el Comisionado de la Unión Europea para la Libre Competencia), y 2°, a esos propietarios de la actual "sociedad de la información"- una sociedad ya casi sin pluralismo, luego en mengua de democracia - los anfitriones de Ginebra conceden ahora por primera vez y unus inter pares, capacidad ponderadora y deliberante en la Cumbre, con el ruego de jugar en ella "un papel activo".

Todo plexo relacional, y a fortiori comunicacional, debe igualmente valorarse a partir de otro precioso binomio conceptual, el de Acceso y Participación, definido por la comunidad internacional en 1.974, y acerca del cual existe una cierta confusión aún entre especialistas. Reducido al ámbito de la comunicación, y simplificando, siempre conviene emplear Acceso para referirse a la recepción del mensaje (a él se vincula por ejemplo la problemática del "derecho a la información"), y Participación para referirse a su emisión, al participar o compartir con otros el poder de emitir mensajes. Si Acceso expresa la mera y pasiva recepción de mansajes, y Participación la capacidad activa de emitirlos, entonces una Sociedad de la Comunicación es básicamente una sociedad de la Participación, de receptores/emisores interconectados horizontalmente, y una Sociedad de la Información es básicamente una sociedad del Acceso, inhibidora de procesos participatorios y desocializante, que impone "adaptación" compulsiva.. El citado documento de UIT sólo habla claramente de la necesidad de "un acceso universal a sociedad de la información" y no utiliza en ningún momento el término participación. Más saturada está una sociedad en medios para el acceso/recepción, menos pulsiones tendrá de generar mecanismos propios de participación/emisión; un mecanismo de des-democratización que los participantes de la Cumbre habrán de ponderar. Al igual que con la "comunicación" habrá que exigir una mayor visibilidad del concepto "participación" en sus principales documentos, como prólogo semántico a una real exigencia de desconcentración y decentralización en capacidad de emisión y control de mensajes y canales.

Otro aspecto de la documentación UIT cuya modificación debe pedirse (parece un detalle y no lo es), es el tono grandilocuente, de himno a la gobalización, con que es presentada la "Sociedad de la Información". Los tiempos en que se aseguraba a la ciudad y al mundo que las nuevas tecnologías, el e-business y el nasdaq traerían la felicidad a los hombres, han pasado. En el interim, la "Sociedad de la Información", que arrancó muy mal, ha sido el epicentro de la especulación más colosal, y por momentos más dolosa, de la historia de la economía mundial. Haciéndose eco de manidos slogans políticos, comerciales y bursátiles ya superados por más dolorosas realidades, la nueva UIT habla en efecto de "Sociedad de la Información que está evolucionando a un ritmo alucinante (¡sic!), de convergencias aceleradas... que generan nuevos productos y servicios, así como nuevas formas de gestionar negocios y operaciones comerciales..., de una transformación fundamental, de una gran revolución, tal vez la mayor que la humanidad haya experimentado...". Ese ya no puede ser, de toda evidencia, el tono apropiado ni el más decente a emplear después que la " Sociedad de la Información" ha entrado en etapa de involución y ha generado pérdidas de miles de millardos de dólares a millones de ahorristas, dejando en herencia a los consumidores del mundo entero (máxime a los de países pobres) un obligado futuro de altas e injustas tarifas en telecomunicaciones. En lugar de tan extemporáneos y un poco risibles panegíricos, la Cumbre deberá más bien ocuparse muy en serio de cómo proteger a los integrantes de su "sociedad de la información" de especulaciones y estafas como las ya sucedidas, principalmente en el marco de Internet y de la telefonía celular UMTS.

· Antonio Pasquali, ex.SubDirector General para el sector de la Comunicación de la UNESCO.

· ** Ponencia presentada en la apertura del "Encuentro Latinoamericana: ¿Y por qué no una sociedad de la comunicación", Quito, 10-12 de junio 2002.


Última Actualización: 13 de Mayo de 2003

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