Pagina Principal


RESULTADOS DE LA REUNIÓN DE TEGUCIGALPA
Luis Suárez

Con más preguntas que respuestas acabadas se celebró en Tegucigalpa la reunión de consulta Retos y Oportunidades de la Sociedad de la Información, convocada por la UNESCO, para Centroamérica, Cuba y República Dominicana con vistas a la que sobre el tema prepara la ONU en el escenario globalizado de Ginebra, en diciembre del 2003. Es natural que surjan muchas interrogantes ante planteamientos que van desde la incierta definición de que pasamos -o estamos pasando-, en el plano mundial, de una sociedad post-industrial a una de la información y del conocimiento. Sería, sí, muy deseable, que todo el mundo -naciones, comunidades y personas- tuvieran el conocimiento, o esté en vías de alcanzarlo, para lograr una integración humana dentro y respetando la diversidad cultural que identifica a sus componentes.
Y por supuesto haciendo desaparecer los contrastes económicos y de desarrollo que hoy son características de la sociedad actual. Sobre todo esto que en algunas regiones del planeta, entre las que se encuentra Latinoamérica, en vez de avanzar para disminuir las diferencias, éstas se agudizan. Para entender sus problemas, donde la miseria es dominante, la función de las comunicaciones, la información que proporcionan, coadyuvan de manera imprescindible. Pero sustentar en ello las soluciones resulta, en la mejor de las intenciones, cuando menos idílico. Y en otras se ve una orientación a mayor explotación y control tecnológico de naciones, regiones y localidades en la dependencia, incluso si lograra aligerarse la presente depresión, que no borraría las desigualdades.

Si bien información y conocimiento deben fomentarse, conquistarse para el propio mejoramiento, o sea, que tengamos sociedades informatizadas como algunos también prefieren llamar al proyecto, las reformas sociales han de venir por determinaciones de los gobiernos, la acción de los pueblos, y de todos los sectores del componente social. Es decir, modificación de estructuras que hoy sostienen lacerantes situaciones que en el mismo foro hondureño expusimos no pocos de los representantes, gubernamentales, privados, profesionales y de ese confuso conglomerado conocido como sociedad civil, incluso los más entusiastas de esa nueva sociedad por construir.

Un presunto ciudadano de la sociedad de la información y del conocimiento, tendrá que estar dotado de herramientas, nada baratas, y de recursos para emplearlas, lo cual significaría una prioridad, en las regiones empobrecidas, que exige su hambre y su salud. Y surge la principal pregunta ¿Quien no lo logre se convertirá en un analfabeto excluido de la sociedad de la información? Entonces, lejos de alcanzar el propósito esa sociedad ahondaría las dificultades y marginaciones e injusticias latentes y patente de la presente.

Con sinceridad encomiable, algunos de los participantes, y con mucho conocimiento y autoridad los del sector oficial de las telecomunicaciones, presentaron algunas realidades. Las brechas tecnológicas, más concretamente llamadas digitales, son muy grandes. En Centroamérica, solo uno de cada cien habitantes tiene acceso a la Internet, y por su uso, que debe pagarse por su conexión telefónica, se paga 30 veces más que en un país desarrollado. En el caso de Honduras, con aproximadamente siete millones de habitantes, solo hay 700 teléfonos comunitarios, cuatro por cada 100 habitantes urbanos y uno por cada centenar del ámbito rural.

La brecha digital del desarrollo, y en todas las materias, es enorme. Cerrarla muy difícil y costoso. Lograrlo, insuficiente. Llevar estas realidades a Ginebra, como lo pidieron el representante de la UNESCO en la región, Sr. Arvelio García, y el consejero de comunicación para América Latina, el batallador Alejandro Alfonzo, con el aliento del contenido ético que ellos pusieron, será una importante aportación del mundo subyacente ante los ojos del altamente desarrollado. Tema abierto que da para más.

Comunicación de la pobreza
LAS REDES DEL HAMBRE
Luis Suárez

Dedico este segundo artículo al proyecto de las Naciones Unidas -es decir, de todo el mundo en su contrastada variedad- de construir una Sociedad de la Información, como la que seguirá a la todavía actual sociedad industrial, en virtud del gran desarrollo de las tecnologías. Lo interesante del foro de consulta organizado por la UNESCO en Tegucigalpa, con la participación de empresarios radiodifusores, representantes gubernamentales del sector de comunicaciones, académicos, técnicos, algunos periodistas y escasos políticos, es que dentro de su no menos contrastada subregión centroamericana, nadie vio la tarea ni fácil ni como solución de los graves problemas que la agobian. En ese sentido, las realidades ganaron a posiciones idílicas o ambiciosas de control para sacar más provecho sectorial o personal a los esquemas tecnológicos sobre los que habrá de encaminarse.
Como ya se ha dicho, el primero de esos problemas es la pobreza. Hemos dado cifras de cómo ésta margina del acceso a los instrumentos de comunicación y del conocimiento, a más de la mitad de la población con las prioridades del hambre, la salud y la educación ausente o precaria. Porque como se recordó nadie se muere por no tener Internet, pero estar comunicado, habiendo suficientes centros de salud, ayuda a preservarla. Por lo tanto, se traza la tarea de cerrar la llamada brecha digital. Pero como allí se evidenció es tan grande la brecha tradicional -o analógica- que con soldar ésta ya eso sería gran avance. Una vez más son necesarios los datos: en esta subregión latinoamericana hay 64 millones de personas, de las cuales más del 50 por ciento está por debajo del límite de la pobreza.
Ninguna de los dos brechas, analógica o digital, podrá cerrarse sin reducir la que mantiene la pobreza pues como bien se dice en el Consenso de Tegucigalpa, son consecuencia de las desigualdades socioeconómicas. La pobreza es más fuerte que cualquier tecnología. Y a reducirla en todo caso deben contribuir las redes. Como afirmó en su excelente ponencia el investigador y periodista peruano, Rafael Rocangliolo, citando a Kramsberg -autor que mi ignorancia oye por primera vez- "la tecnología no es buena ni mala, ni tampoco neutral". Lo que define su signo, positivo o negativo, es su uso. En eso, tan simple como evidente, sí hemos abundado.
También se dice en el documento consensuado, no sin algunas mínimas resistencias, que son necesarias inequívocas políticas responsables cuando llama a utilizar las telecomunicaciones "como instrumentos del desarrollo humano, la lucha contra la pobreza, la consolidación democrática, el reconocimiento de la multiculturalidad, la promoción de una cultura de paz, el fortalecimiento y defensa de la libertad de expresión, la integración y el progreso sostenible".
Una cuestión importante es pensar sobre qué régimen político se basará la Sociedad de la Información, porque en sí misma no lo define. De otro modo, las tecnologías harían de sus presuntos beneficiarios unos simples consumidores más de a tanto la tarifa. Y si todo se globaliza, ¿tendríamos un gobierno mundial tecnológico? Eso significaría que mandarían, más que ahora, las grandes corporaciones internacionales. Hay que evitar el riesgo de que tecnócratas de nuevo cuño gobiernen contra la política que si desgraciadamente contiene suciedades, limpiándola es el arte insustituible de la gobernabilidad, como bien lo señaló el senador mexicano Javier Corral.
Terminemos con una alusión al controvertido Plan Puebla-Panamá. Su finalidad hasta ahora parece destinada a que por ahí circule un proyecto negativo de supuesto libre comercio como el ALCA. Pero como de todos modos se integrarán los servicios de telecomunicaciones, éstos, y todo lo demás deben respetar la autodeterminación y la diversidad cultural bajo amenaza de los pueblos que atraviesa.

Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP) Nuevo León # 144 interior 101 Colonia Hipódromo Condesa CP 06170 México D.F. Telefax: (5255) 52866085 Telf.: (5255) 52866055 e-mail: felap@laneta.apc.org


Última Actualización: 13 de Mayo de 2003

Comentarios